Cap.17. Lola aterrada

Los niños lloraban asustados.
El trajín era mayúsculo.
La pequeña Lola, que salió en los brazos de Silveria y casi la aplasta, por defenderla de aquella reyerta de hombres y animal, (o de animales y hombre), abría los ojos como platos y giraba la cabeza hacia todos lados. Sentía un temor que le puso la piel de gallina e hizo que le temblara todo el cuerpo; aferrada al hábito de la monja, daba tumbos tragando polvo acre.
Nadie la creyó mucho después, cuando contaba con todo lujo de detalles aquel siniestro episodio, diciendo que lo recordaba perfectamente. Solo un detalle, que nadie nunca contó, reveló que Lola , no mentía